RÉQUIEM POR SALVADOR

RÉQUIEM POR SALVADOR

A Salvador Alfonso Sánchez, mi abuelo.

 

Suele pasar

Que con las memorias de la muerte

Se halle un sentido al hoy

Y en ese suspiro de lucidez

Se encuentre el defecto del cómo

Y la duda del para qué.

 

Salvador era un buen hombre

Y sus historias forjadas en los campos

De tierras libertadoras

Una muestra de ingenio y tiempo reflexivo,

El abuelo vio pasar la vida

En un certero suspiro.

 

Que buen hombre era el abuelo

El abuelo Salvador

En su dicho la certeza del paciente

Y en su honra la fuerza del labrador.

 

Vio pasar la vida

En un suspiro certero: Salvador.

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AGOSTO

Como cadenas de fuego

Emergen en la espera

Las confesiones de la memoria

Que en cofradía con la muerte

Hacen de la luz

Un pequeño sorbo de nada

Y en tus días sin ansias

Pasan incólumes las penas,

Como el viento agreste y cortante

Del doloroso instante

Y en tu repetida historia

Se forjan como suspiros

Las cargas de lo aborrecible,

Desesperadas como el grito interno

Que carcome al silencioso.

 

Malaventurados tus días

En sangre y dolencias de humanidad

Que en mano a mano con la muerte

Ensombrecieron las distancias

Que hostiles y sinuosas

Expandieron el tedio

Y coartaron sin más las libertades

Del tiempo y la bondad,

Días que tiñeron de nostalgia

El renacer en la ironía

De las memorias escasas

De las memorias heridas.

 

Del corazón histórico

Exiguas letras subsisten,

Velando el sueño imposible

En noches insustanciales.

 

Memoria escasa

Memoria herida.

VOZ

Tu voz es la lengua rara del universo,

Un parangón entre el pesar y el verso

Dos tercios de mi soledad amalgamada:

Estrecho margen entre el absoluto y la nada.

 

Tu voz es la lengua incomprensible del tiempo,

Un eco insoslayable a instancias del silencio,

La inercia de mis años tristes

Y lo trivial de mis oscuros embistes.

 

Tu voz es la lengua del viento,

Esa verdad que fluye desde lo no dicho:

La superación del supuesto

Y lo impuro que se cura en su nicho.

CARTA A PAPÁ “MARITO”

CARTA A PAPÁ “MARITO”

Con destino al sitio inexacto y que presumo inexplicable.

Papá:

Me gustan esas historias que se cuentan al revés, de lo próximo a lo lejano he logrado constatar mi historia. Reconstruir la memoria es dejar de creer en las condenas dulces de lo feliz pero también en la perpetuidad de la nostalgia.

Una sonrisa iluminada puede ser fuente de todo lo posible.

En días pasados cerré los ojos en medio de mi desorden de hojas y entre mi habitáculo de sueños y pensamientos inconclusos me lancé en una nueva búsqueda, en espacios sin olvido descubro nuevas cartas, fotografías inéditas en álbumes reactivadores de empolvados tiempos, un dibujo y un cuaderno de amadas juventudes, el viejo libro sin leer, un trozo de pared hundida en donde solían posar obras de infancia en abstracto.

El corazón se aprieta y luego se extiende como soñando el retorno de lo que no, entonces recuerdo no poner precio a mis pasiones y busco entre páginas amarillentas un vestigio más de la grandeza indudable y releo los signos para recapturar memorias como deseando el suspiro del amor bienaventurado.

Miré mis libros, mis notas extensas en espasmos de insatisfacción, aquel reloj opaco que me prometí no usar jamás, postales de amor para damas silenciosas, prohibidas y muertas que se quedarán en los anaqueles donde reposan los versos y aquellas pasiones en reserva, ese rincón donde se alterna lo puro y lo impuro de mis letras. Y entre lo confuso de mi extraño orden, como una revelación superior a lo increíble hallé una foto que creí perdida, era tu imagen en algún lugar del mundo, un telón de mar y arena que se adornaba con tu amor fiel a lo humano  y tu sonrisa como elixir en los tiempos distraídos, mi pecho se amplió como reteniendo todo el aire del globo y mis ojos que no pueden ser ajenos a las sensaciones del alma dejaron correr lágrimas de orgullo ante la contemplación, eras tú papá llenado de nuevo mi vacío, sonriendo para mí como en tiempos de agonía.

Era el mar, ese horizonte bello en mi soledad reconstruida.

 

Posdata: Una sonrisa iluminada puede ser fuente de todo lo posible: Tu sonrisa papá “Marito”.

LA BREVEDAD DEL COBARDE

Agazapado

En ese vulgar miedo

Que malea la fe,

Huyendo de sí mismo

Añorando insanas metamorfosis:

A quien enajena la conciencia,

A quien malversa su memoria,

A quien de su dios predilecto

Hace escudo

Justificador de infamias,

A quien manosea su nombre,

Su linaje.

 

A quien oculta el rostro

Entre plegarias nefastas:

Su verdadero dios

Es la tenebrosa deidad del ego.